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TENGO UN PERRO QUE CONSIDERO MI HIJO

Tengo un perro que considero mi hijo, les llaman perrijos pero a mí me parece un término algo burlón.

Nunca considere que fuera un problema tener un perro de compañía, es de un tamaño muy conveniente (un poco más grande que un chihuahua) y mi estilo de vida y trabajo siempre ha permitido tenerlo conmigo casi siempre.


Se llama Pitufino y unas de las prestaciones de vivir en mi casa ha sido tener mejor servicio veterinario del que la mayoría de los humanos podría desear.


Es el hijo de mi matrimonio pasado y con el fracaso de la custodia compartida decidí quedarme este regalito yo.

Jamás he tenido ningún problema en que duerma conmigo en mi cuarto, en mi cama y adentro de las sábanas. Tampoco en que haya decidido incluso usar una almohada para su cabeza. Él hace todo lo que ve a los humanos hacer.


Pitufino tiene 6 años conmigo, me ha acompañado en 4 casas diferentes, en numerosas caminatas, montañas, hombres y cambios de opinión. Pitufino y algunas contadas personas han permanecido como columnas firmes en todo lo que ha temblado en este Partenón que es mi vida, sin ningún interés de hacerlo dramático.


Pitufino es un ser adoptado de las calles, y desde el primer momento en que lo lleve a casa no deja de seguirme a donde voy, no conocía la lealtad hasta conocer de cerca la relación humano-canino.


Los perros viven mucho pero mucho menos que un humano y ese es el único problema con el tema de los perrijos.

Todos los que tienen un amor así como yo saben que lo más probable es que este ser camine con nosotros solo un trayecto de la vida, no toda ella. Eso obliga a echar mano de todo recurso espiritual que se tenga disponible desde "los perros viven menos porque cumplen su misión de vida más rápido que los humanos que es vivir con intensidad y amar con todo su corazón" o "todos escogemos a nuestros maestros antes de nacer y nuestros animales de compañía no son la excepción". Maestros del presente, maestros del juego, maestros del amor.

Pero de todas formas, nadie nunca quiere ni imaginar despedirse de un vínculo así, pero aún así lo hago, aún así lo hacemos.

Con todo y todo no cambiaria nada, Pitufino y yo seremos inseparables mientras la vida nos permita, nos amamos y nuestras vidas están profundamente conectadas.


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